lunes, 19 de diciembre de 2011

El pelo de un calvo... "¡No ´ta!"

Me tronchaba de la risa sin remedio. Izan, muy sorprendido, miraba debajo de su silla, a izquierda y derecha, encima de la mesa del bar y de vez en cuando nos miraba desolado exclamando "No 'ta, no 'ta". Hacía un rato que nos habíamos instalado en la terraza de una cafetería con un grupo de amigos que hacía meses que no veíamos y mientras Pol seguía durmiendo la siesta, Izan estaba encantado con acaparar toda la atención. Estaba muy orgulloso bien sentado en su silla como una personita  mayor y nos iba enseñando lo bien que sabía ya donde están los ojos, la boca, la lengua, las manos, los dedos, la cabeza o el pelo. Pero no sólo conoce su cuerpo, no, no, él es mucho más listo y para demostrarlo primero nos señalaba su parte del cuerpo requerida y luego la del amigo que se sentaba a su lado.

Y entonces llegamos a la parte del más difícil todavía.
- ¿Izan, dónde está el pelo?
Y se estiraba sus cabellos en todo el centro del cogote.
- ¿Y el de nuestro amigo?
Muy seguro de sí mismo le tocó la cabeza indicando con el gesto al susodicho que bajara la cabeza. Y empezó a buscar el pelo con interés. Sin embargo Izan encontró una calva. Con gesto de extrañeza, acariciaba el cogote liso e intentaba de vez en cuando hacer pinza con sus deditos de dieciochomesino. Pero no encontraba nada. Y algo frustrado se giró muy serio hacia el resto de comensales y dijo a voz en grito: "¡No 'ta!"

Y es que esta es la nueva adquisición de las últimas semanas, ser consciente cuando falta algo o alguien y señalarlo con el soniquete de "no está, no está, no está".

Pol se despertó entre las carcajadas de todos los que estábamos en la mesa mientras Izan seguía buscando el pelo perdido por el suelo, sobre la mesa, bajo las sillas y repetía su letanía: "No 'ta, no 'ta, no 'ta".

sábado, 5 de noviembre de 2011

Reconocer a la familia cuando está lejos

Pol e Izan tienen familia repartida por todas partes, desde Ibiza hasta Suiza, pasando por Córdoba y Montilla. Desde el principio estuvimos pensando cómo hacer para que su relación con ellos fuera lo más cercana posible para que desde bien pequeños reconocieran a sus abuelos, tíos, primos y una larga lista de amigos.

Las vídeoconferencias son una buena solución, sobretodo para aquella tía que vive en el extranjero y que echa de menos a sus sobrinos. A ellos en realidad les causa entre indiferencia y miedo. Esas voces que salen de una pantalla y esas imágenes, a veces borrosas, saturadas de luz o desincronizadas con lo que se dice, no les hace mucha gracia. Hubo un momento en que les interesaba más lanzarse a tocar el teclado del ordenador, ¡eso sí es diversión! Ni que decir tiene que cuando el que está al otro lado de la pantalla son papá o mamá, el disgusto es mayúsculo. ¡Tanto cuando aparece y no se le puede tocar ni les puede coger, como cuando cuelga y de pronto no está más! La verdad es que no lo entienden mucho todavía.

En una inspiración divina, compramos un libro de tela de Imaginarium a rellenar con fotos de la familia y en el que se podía grabar un mensaje de voz de la persona en cuestión. Está muerto de risa sin fotos ni sonido. Para empezar, no había páginas suficientes para poner a tanta familia como tenemos y para acabar los pocos sonidos que conseguimos reunir o se oían muy mal y daban terror o se acabaron borrando porque los niños tocaron el botón de grabar de nuevo en vez del de reproducir.

Poner fotos en un álbum de aquellos de bolsillos de plástico tampoco funcionó, ¡arrancaban las hojas, qué divertido! Así que finalmente hemos dado con la solución: un álbum de fotos digital con páginas gruesas como las de los libros de los niños pequeños con fotos bien grandes de toda la familia. Pero como las buenas ideas llegan antes que el tiempo para realizarlas, el álbum está en construcción y mientras ellos se han aficionado a reconocer a su familia en un álbum más delicado que fue un regalo para papá y que, de momento y después de un mes, sigue vivo en manos de dos gemelos de tremendos diecisiete meses. Todo sea porque los pequeños les dediquen grandes sonrisas y abrazos a los abuelos y demás diáspora familiar en el exilio de nuesta casa gemelar.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Juegos de bebés: el IPhone, los toboganes y cualquier cosa que se pueda romper



Pol e Izan empiezan a descubrir las bondades de las aplicaciones para Iphone y cuando están ya muy nerviosos, cansados o pasados de vueltas cinco minutos tocando la pantalla para ver fotos, haciendo reir a hipopótamos que hablan e hinchan globos o viendo animales rugir y saltar son suficientes para parar un poco el proceso de desesperación y mamitis aguda. Ante la sorpresa del "Güelo" Pep y de la "Güela" Isa que no entienden mucho de tecnología, los mellizos estuvieron jugando con el móbil de mamá y trasteando en la terraza del piso ante la atenta mirada de su primita Clara.



Los intrépidos mellizos Pol e Izan decidieron ayer, con una solada de muy señor nuestro, dejar el tobogán de bebés y ir a subirse al "castillo" de cuerdas, pasos levadizos, huecos "pa' matarse" y un súper tobogán alto con dos curvas antes de llegar al suelo. Menos mal que entre la madre, la abuela y la tía conseguíamos ir de un hueco "mortal" a otro por si se les ocurría saltar al vacío en vez de seguir subidos al castillo - columpio en cuestión.




Los gemelos se pasan el día "culo veo, culo quiero", vamos, quitándole al hermano lo que sea que tiene entre manos porque de pronto han descubierto que ESO es lo que realmente quieren para jugar y divertirse. En esta ocasión, Pol está la mar de entretenido poniéndose las gafas de sol (rotas de las patas a la menor ocasión) y bailando cuando Izan aparece para intentar arrebatárselas.


viernes, 2 de septiembre de 2011

Las vacaciones con niños NO son para el descanso...

Las vacaciones son para el descanso... O eso dicen, aunque la premisa no se cumpla del todo para los padres de niños de pocos años, y como siempre si son gemelos... ¡menos! Que se disfruta mucho de los niños, de sus gracias, de sus juegos, de sus primeras palabras, de su primera inmersión en el mar o de los gritos de emoción que dan cuando se encuentran frente a un perro o un gato sea del tamaño que sea. Pero es ¡agotador! Deberían existir las vacaciones de las vacaciones, ¡que alguien se apiade de los padres exaustos!

jueves, 2 de junio de 2011

Primeros pasos de los mellizos

Pol e Izan han esperado al año para lanzarse sin miedos al vacío entre la mesilla y el mueble de la televisión ida y vuelta. Los cuatro o cinco pasos inciertos que les separan de uno u otro objetivo o de los brazos de papá y mamá les hacen subir la adrenalina de tal modo que tras cuatro o cinco intentos están ya completamente eufóricos y desatados. Para acabar de arreglar este despliegue de emociones, han recibido dos andadores como regalo de aniversario y cuando se cansan de ir tambaleantes a destinos lejanos se cogen del asa y empiezan a correr ayudados por los artefactos con ruedas. Aunque de vez en cuando ponen emoción al asunto y llevan los andadores del revés, de lado o sencillamente deciden arrastar con grandes suspiros de esfuerzo las sillas o la mesita del salón. Cualquier objeto es susceptible de ser un punto de apoyo para los gemelos que se mueven de pie arrastrando lo que pillan por delante. ¡Apártese quién pueda, que aunque uno de los andadores tiene intermitentes y pito, no está la nueva habilidad andarina como para además ir calculando obstáculos y evitándolos!



jueves, 12 de mayo de 2011

Los mellizos juegan con la cortina a esconderse: Cu-cu



Esconderse o descubrir quién se esconde bajo una manta, detrás de las manos o en la esquina de la habitación es una de las actividades preferidas de los gemelos. Mientras Pol suele quedarse minutos enteros bien quieto bajo su escondite esperando mientras se ríe por lo bajo a que venga alguien a descubrirlo, Izan suele esconder la cabeza detrás de una puerta o un mueble dando por supuesto que si él no ve nada, aunque le asome el cuerpo, los demás tampoco lo pueden ver a él. Dicen que además es un juego que les ayuda a superar los traumas de la separación y es cierto que cuando he de irme unos minutos al otro extremo de la casa y los dejo a los dos en el parquecito del salón, si hago un par o tres de cou-cous detrás de la puerta, se quedan algo más tranquilos.

Aunque el truco no funciona siempre y cuando la mamitis ataca, ¡agárrate que llegan llantos desconsolados! Y a la vuelta, las piernas de mamá ya no son suyas, son pilares a los que los dos a la vez no pueden dejar de cogerse y de los que no se sueltan aunque haya un terremoto. La verdad, tanto amor incondicional alaga, pero también agobia bastante y llega un momento que una ya no sabe qué hacer, si quedarse de pie con dos masas llorosas cogidas a sus rodillas, intentar sentarse a riesgo que se caigan para cogerlos después, algo más desesperados, o cantar una canción a ver si es verdad que con música las penas son menos. Siempre podemos intentar hacer el juego de esconderse tras la primera cortina que pillemos que así se ríen y se buscan entre ellos. Por eso, en mi casa, las cortinas están largas y arrastran el suelo, pero de momento, ¡que no las acorte nadie!


Pol aprendiendo a andar mientras arrastra un caballo con ruedas por todo el salón; un momento de peligro con un cajón... uy los dedos; el deleite de una naranja bien pringosa para saborear; la primera vez que un niño baja por un tobogán; o los mellizos jugando en un parque y gritando de felicidad de un columpio a otro... Estos y otros muchos vídeos los encontraréis en nuestro canal Youtube http://www.youtube.com/user/celiaramonwyser

viernes, 6 de mayo de 2011

Hoy hace un año... Celebrando el aniversario (gracias a todos vosotros)

Con un año ya se puede uno ir al parque con amigos
"Uf, dos, ¡cúanto trabajo!", suspira la gente cuando nos cruza por la calle y ven a los gemelos y a sus "sufridos" padres. Y nosotros hacemos un mohín interpretable, medio sonrisa, medio cara de circunstancias y autocompasión para que cada cuál se quede con la parte de la historia que le plazca. Pero lo cierto es que el tiempo ha pasado a una velocidad impensable y  que hemos sobrevivido al primer año gracias a unas grandes dosis de paciencia, mucha ilusión, capcidad de sorpresa ante los avances de la naturaleza y gracias a la ayuda de todos los que bien nos quieren.

Hoy hace un año Pol e Izan nacieron a las 8:30 y las 8:32 de la mañana en la clínca Corachán pesando dos quilos y medio y sin llegar a los 50 centímetros de largo. El día anterior por la tarde el ginecólogo nos había anunciado la programación de la cesárea debido a la subida de mi tensión y Andrés, nervioso, no pudo por más que exclamar: "¿Mañana? No, no, mañana no me viene bien". Y aunque después se fue haciendo a la idea poco a poco de lo inevitable y de intentar negociar sin éxito con el doctor la hora de entrada para que no fuera tan temprana ni nos obligara a cruzar Barcelona en plena hora punta, lo cierto es que a las 7:00 ya estábamos allí listos (eso pensábamos) para lo que tuviera que suceder.

martes, 3 de mayo de 2011

miércoles, 20 de abril de 2011

Vacaciones de Semana Santa: a solas con los gemelos en casa

El inicio del tercer día de vacaciones de Semana Santa ha sido accidentado y demasiado precipitado: Andrés ha venido a despertarme de mi incómoda postura en el sofá junto a un Pol medio dormido y medio vigilante diciendo que ya era tarde. Corre que te pillo y sin tiempo de sacudir el mal humor, he recordado una noche medio en vela, primero con Izan entre sus padres con los ojos como platos y queriendo jugar en el colchón de matrimonio de madrugada. Luego, Pol que también se despierta, llorando, con hambre. Desvelado porque he calentado los biberones para los dos a la vez con él en brazos -y por los llantos incontrolados de su hermano-, ya no ha vuelto a dormirse y el único modo en que se ha mantenido tranquilo ha sido acurrucado junto a mí en el incómodo sofá cama. Iba a ser algo provisional pero nos ha pillado el inicio de la jornada con una manta fina líada en los pies y el frío amenazándonos.

Izan en su siesta de media mañana
Desde el lunes no paro de recordar la frase de la directora de la guardería el viernes: "Buenas vacaciones, que lo paséis bien y descanséis mucho". Yo estuve a punto de contestarle que pasarlo bien, seguro, pero descansar, lo que se dice descansar, estando la guardería cerrada, se me antojaba misión imposible. Empecé a mentalizarme... Una semana a solas con los niños, una semana, una semana... Bueno, con Andrés a partir del jueves y los abuelos un ratito por la tarde, pero... Una semana, una semana... Como suele suceder, los días se suceden sin tiempo para nada y más o menos iguales aunque diferentes. Normalmente, uno de cal y uno de arena. El lunes, pues, fue una mañana para olvidar de lloros, habre, peleas, una madre hecha un manojo de nervios y al final con un tono de voz algo elevado y gestos un poco demasiado bruscos. ¡Y un gran sentimiento de tristeza y de estar haciendo el papel de madre de un modo desastroso! En fin, hay días así. El martes, mucho más organizado, me levanté pronto, desayuné antes que ellos para tener fuerzas, y todo fue mucho más rodado y sin grandes crisis. Y el tercer día, hoy... Vuelta a la carga: 

9:10 - Acabo de vestirlos y cambiarlos e intento dejarlos en el salón de juegos, pero hoy volvemos a la rutina del lunes... Nada que hacer, no puedo desaparecer sin que chillen, me cogen de las piernas y se arrastran conmigo si intento andar, se pelean por cualquier juguete que tenga el otro, intentan hacerse caricias que acaban en tirones de pelo y orejas... Está bien, empecemos la ruta de comprobación... ¿Será hambre?

viernes, 15 de abril de 2011

lunes, 4 de abril de 2011

Aprovechad el tiempo: once meses aprediendo

"Aprovechad ahora, que el tiempo vuela", nos decían por la calle cuando salíamos a pasear con los mellizos recién nacidos. Y ahora que están a punto de cumplir los once meses, ¡que se acercan al año!, me encuentro haciendo balance de lo mucho que han crecido y aprendido en este tiempo que parece haberse colado por un agujero negro: visto y no visto. Los días pasan todos iguales, llenos de rutinas necesarias para la tranquilidad de los niños y la organización familiar: despertarse, vestirse, desayunar, guardería, comida, siesta, guardería, paseo, compras, juegos, baño, cena...




viernes, 1 de abril de 2011

Los días que se levantan simpáticos...



... y bien dormidos, la jornada empieza con mejor pie. ¡Qué diferencia a los madrugones después de una mala noche sin dormir del tirón en que tanto ellos como nosotros estamos mustios y cansados! Esas mañanas en que hay que correr para llegar a la guardería y después al trabajo, en que los desayunos se eternizan con unos cereales que no quieren... Bueno, pues entonces algo de jamón con pan... Tampoco demasiado... Está bien, algo de yogur para que no se vayan con el estómago vacío a jugar toda la mañana... A ver, el carrito está plegado y en el maletero del coche, la bolsa con ropa y pañales de recambio (que nunca usamos pero cargamos igualmente), preparada, la neverita con agua, potito de fruta, alguna galleta y baberos para emergencias, preparados... Los zapatos, puestos, aunque Pol juegue con el velcro para quitárselos... Las chaquetas, listas. Los chupetes, colgados... ¡Venga, un niño con cada padre y a bajar bártulos y bebés al coche camino de la guardería!

No, los días que han descansado bien se levantan habladores, se sonríen cuando se ven por primera vez de cuna a una y hablan en su lenguaje de "ta-ta-ta-ta". Se dejan vestir sin girarse (demasiado) y juegan tranquilos y juntos cuando han acabado con el desayuno sin rechistar. ¡Qué bonitos son entonces!

Ah, pero no me malinterpretéis, los días de sueño y corredizas son un encanto igual, sólo que seguramente los padres cansados y algo estresados no somos capaces de apreciarlo hasta un poquito más tarde, cuando ya están jugando en la guardería y nosotros suspiramos para enfrentar un nuevo día.

sábado, 19 de marzo de 2011

Los mellizos juegan juntos



17 - 03 - 2011. Pasamos una tarde más o menos tranquila jugando juntos. El tren que llegó con los regalos de "Reyes" ha sido, de pronto, un gran descubrimiento y no hacen más que quitarse el uno al otro las piezas para chuperretearlas. Por lo menos esta vez no son peleas con crisis de llanto al final.

En realidad, la mayoría de las veces intentan acariciarse, tocarse e incluso se dan "morreos" chuperreteándose enteros. Les debe dar mucha curiosidad el uno al otro, sólo que al final siempre acabamos con algún arañazo, empujón, accidente e incluso chichón. ¡Paciencia, a ver si aprenden a quererse diferente!

viernes, 11 de febrero de 2011

Nueve meses de rutina agotadora... y feliz

 Nueve meses, el tiempo pasa a una velocidad que da miedo y parece que con hijos este efecto se potencia. Y eso que a veces tenemos la sensación de no hacer "nada" en todo el día.

Nada a parte de levantarlos, vestirlos, darles el desayuno, llevarlos a la guardería y mientras tanto trabajar unos y estudiar las otras. Irlos a buscar a medio día con la ayuda de los abuelos de Badalona y darles de comer la verdura, hacerles dormir la siesta, comer nosotros, volverlos a despertar para ir a la guardería, trabajar los unos y hacer prácticas del carnet de conducir las otras...


De nuevo ir a la guardería a recogerlos, y esta vez volver con el carrito doble andando hasta casa en un paseo de entre una hora o un par, según las compras de suministros que haya que hacer para la casa y lo desesperados que estén los mellizos. Al llegar a casa, sobre las seis y media de la tarde, toca darles una segunda merienda porque la de la guardería la tienen en los pies. A esa hora empieza la crisis diaria, ya están cansados, todavía no quieren dormir y hay que esperar a que Andrés regrese de trabajar para bañarlos. Sobre las siete y media asoma la cabeza por la puerta del salón haciendo "cu-cú" y los dos llorones de turno cambian los lamentos por una sonrisa de aquí a Panamá.

Recuperados de la sorpresa de la llegada de su papi, vuelven a penosear y es entonces cuando entonamos a unísono la cantinela "petit bain, petit massage, manger et faire dôdo... TOUTE LA NUIT!". Esperando que la bañera se llene, juegan desnudos encima de la cama. A que les comamos, a comerse el uno al otro, a esconderse bajo una mantita y descubrirse...

En el agua se olvidan un poco del cansancio y las penas y de pronto están de los más dicharacheros durante veinte minutitos. Hasta que toca secarles, ponerles crema hidratante, el pañal y el pijama, momento en que vuelven los berridos y van subiendo en intensidad. Lo único que les calma es el momento de ponerse en las tronas en la cocina para cenar o el ruido de la batidora si hacemos papilla de cereales. Saben que se acerca el momento de comer, y ¡de dormir!

Y reventados, el padre se va a la cama a ver si consigue tener unas horas de sueño antes de la siguiente toma o de que unos de los dos gemelos se despierte a voz en grito, mientras mamá se relaja delante de la tele echando pestes porque a pesar de todos los canales que hay con la TDT todo es la misma porquería y "no hay nada". Así que mejor será ir también a la cama y leer un poco. Aunque, dos párrafos después el sopor puede con ella y nunca es capaz de acabar un capítulo entero por interesante que sea la historia. ¡Hasta mañana!


NOTA:
El álbum de fotos completo  en este vínculo: ¡Disfrutadlo!

viernes, 4 de febrero de 2011

¡Hay que ver cómo juegan sin parar!

Jugando aprenden a una rapidez asombrosa. Todavía recuerdo como se pasaban el día comiendo y durmiendo y resulta que ahora me sorprenden cada día con algún nuevo movimiento que no se sabe de dónde ha surgido. Izan empezó sentándose solo hace dos semanas y ahora ya ha dejado atrás su modo de arrastre como un soldado herido del brazo izquierdo para gatear a toda pastilla hacia donde le interesa. Y eso suele ser algún punto al que sujetarse para levantarse y volverse a caer de culo, ¡menos mal del pañal!

Pol, por su parte, sigue arrastrándose con una eficacia y rapidez asombrosas, ¿para qué gatear si puede salir disparado detrás de las zapatillas de la casa o hacia los enchufes a toda velocidad? Una vez llegados al punto de interés, a menudo la falsa chimenea reconvertida en biblioteca, se levanta, sienta, retuerce y mueve en todos los sentidos posibles hasta hacer una pila en el suelo con los libros y empezar a mirarlos uno a uno. Al contrario que el nervio vivo de su hermano, se detiene mucho más en los detalles y pasa ratos larguísimos entretenido pasando una hoja, intentando coger algún objeto o descubriendo cómo hacer para poner los chupetes dentro del agujero por el que salen disparadas las bolas a propulsión de un nuevo juego recibido.

El cambio de muebles del salón para dejarles a ellos un espacio tan grande como una habitación acondicionado como sala de juegos ha sido una gran idea. Aunque a pesar de todo el sitio de que disponen, los dos hermanos acaban siempre uno al lado del otro dándose la murga y "robándose" mútuamente lo que quiera que sea que tienen en las manos... Como se dice popularmente, "culo veo, culo quiero".





martes, 1 de febrero de 2011

A Izan le encanta ir a caballo

¿Será que Izan se parece a su tía Débora? Desde el principio le hizo gracia montarse en el caballo heredado de su prima Sara y su primo Víctor. Sobretodo con la músiquita de fondo. A Pol le dio algo más de respeto, incluso miedo. Lo desconocido no le hace demasiada gracia, no como a Izan que se lanza a todo lo que sea una nueva aventura, me recuerda un poco a su tía Raquel que siempre iba corriendo a tirarse por el balcón si era lo que hacía falta. Aunque ahora, todo sea dicho, en cuanto ven y oyen al animal ponerse en marcha se ponen los dos en posición de firmes y se lanzan arrastrándose o gateando hacia el caballo a ver quién sube primero. Y sea quién sea, de fondo siempre se oyen las risas del hermano que acompañan a las carcajadas del jinete.

jueves, 6 de enero de 2011

¿Quiénes son los Reyes Magos? O los intercomunicadores malditos

(C) http://teecuento.wordpress.com/
Rodeados de regalos por desenvolver, Pol e Izan miraban alucinados a sus primos Víctor y Sara correr de un lado a otro dando saltos y gritando los nombres de los paquetes. Por primera vez han desenvuelto algún regalito, aunque sin entender mucho el porqué de tanto alborozo. Todo debe parecerles raro, como las carrozas y las luces y los caramelos volando por encima de sus cabezas que vieron ayer por la tarde. Igualmente les hemos explicado quienes son Melchor, Gaspar y Baltasar, por si entienden algo, y lo cierto es que después de la cabalgata Pol estaba de lo más parlanchín y dicharachero con sus ta-ta-ta y uaaaaaaaaa.

Una vez desenvueltos todos los regalos y pasado el frenesí han volado los comentarios: "Espero que la talla sea la buena", "tengo el tiquet para descambiarlo si hace falta" y frases similares. Sorprendida y en un momento de soledad en el piso de arriba le pregunté a Silvia si sus hijos con seis y ocho años ya sabían quienes eran los Reyes Magos.

domingo, 2 de enero de 2011

Los días críticos

En general los gemelos se portan bastante bien, y aunque es cansado porque se turnan en sus demandas (parece que lo tuvieran pactado de antemano) y aquel consejo de las matronas de "duerme cuando el niño duerma" no hay modo de ponerla en práctica porque siempre hay uno despierto, con hambre o cagado, los días pasan entretenidos y agotadores pero felices. Y de pronto llega un día crítico, CRISIS total a la vista... En esos días quieres tirar algún niño por el balcón, o tirarte tú, o hablas con ellos como si pudieran entender algo de lo que intentas razonarles o lloras al mismo tiempo que ellos o combinas los casos anteriores en una sucesión totalmente esquizofrénica de desesperación.

Los malos días suelen empezar con una mala noche. Uno de los mellizos, o quizá los dos, han dormido poco, nada o a trompicones. Y tú, claro, menos. Entre los llantos, las corredizas por el pasillo para intentar que el protestón de turno no despierte al otro, los arrumacos y mecimientos y los intentos de saber si el niño tiene sueño-hambre-frío-calor-aburrimiento-dolor-mocos-pañal sucio o vete a saber qué... acabas agotado y durmiendo, como mucho, media hora entre crisis y crisis. Pero eso es el principio... Quieres creer que después de una noche semejante los niños estarán cansados y dormirán largas siestas en las que te recuperarás mientras se acumulan kilos de ropa sucia y platos en la cocina, pero nada más lejos de la realidad. Cansados están, y muy, muy penosos. Así que empieza el día crítico y los niños, de pronto, deciden tener hambre, sed, ganas de brazos, sueño y necesidad de un cambio de pañal a la vez.

 Suspiras. Respiras hondo, cuentas hasta diez, vas cantando canciones suavemente a ver si se tranquilizan mientras intentas no entrar en modo ogro. Pero lloran, mucho, muy fuerte. Y mientras cambias a uno o intentas dormirlo rezas para que su hermano se calle y te deje tranquilizar a uno para poder a continuación seguir con el otro. Pero no, los dos quieren dormir a la vez y lloran y lloran y se despiertan uno a otro. Como los suspiros y canciones no funcionan, intentas cogerlos a los dos en brazos, pero eso sirve cuando no se retuercen como lagartijas en cautividad, y hoy es el caso. Así que ni en brazos ni en el cojín de lactancia ni canciones ni nada. Y por supuesto no puedes dormirlos porque se despiertan el uno al otro con los llantos. Resultado, lloras también. Y se quedan alucinados, de pronto te miran callados porque no entienden qué está pasando y cuando crees que se han calmado y te calmas tú para seguir con lo que sea que haga falta hacer... ¡Vuelen a reclamar porque ya eres de nuevo la madre tranquila que conocen!

Piensas en llamar a alguien, salir a pasear con los dos, bailar con los dos... Pero están tan histéricos que es imposible. La solución, al final, es o darles el biberón a los dos a la vez y que se duerman. O que no paren de llorar hagas lo que hagas y se duerman del colapso. Y cuando por fin se han callado... te derrumbas en el sofá esperando descansar un poco hasta el próximo ataque. Porque en los malos días, dormir es sólo un respiro en un día de tormenta. Mañana será otro día.

Instagrameando con @celiaramon

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