viernes, 23 de marzo de 2012

La felicidad de parar de correr: tómate un buen café!

Tomaros el tiempo de disfrutar de vuestra felicidad.

Y si lo queréis usar para compartir mi reflexión al respecto, os dejo el enlace a mi otro blog "En 1000 palabras" donde hablo de las otras facetas que no son sólo la maternidad y la vida, obra y milagros de mis adorables gemelos (aunque también).

En 1000 palabras: La felicidad de parar de correr: tómate un buen café!

Me levanto tambaleante y legañosa, nunca he sido de empezar el día a pleno rendimiento. Necesito mi tiempo, arrastrar un poco los pies, volver a la vida poco a poco dejando atrás una noche de sueños encadenados sin demasiado sentido (a no ser que los analice). Mientras amanece el día en mí, los sueños van diluyéndose en el olvido. Pero la vida moderna de los padres y los trabajadores, sobretodo en la gran ciudad, no tiene piedad con los que somos de despertar lento. La prisa lo invade todo.

Corro para vestir los niños. Me visto a toda prisa sin pensar demasiado... (...)

SIGUE EN: En 1000 palabras: La felicidad de parar de correr: tómate un buen café!

jueves, 1 de marzo de 2012

"Y tú callada" de Emma Riverola en El Periódico de Catalunya

Con permiso de @emmariverola, comparto este artículo para que reflexionemos cómo la crisis está sirviendo de excusa para los recortes de derechos laborales, especialmente de las mujeres; de sueldos, de medidas de conciliación pactadas y de toda la situación hasta llegar al despido.

"Y tú callada"


Has dejado a los niños en el colegio y vuelves a casa. La casa callada. Te preparas un café. Lo tomas sorbo a sorbo, perdiéndote en los pensamientos. Enciendes el ordenador. Abres el correo. En un gesto que ya es un ritual, cierras los ojos. Tres, dos, uno… Ya. Cargados todos los mails . Nada. Ninguna respuesta. Silencio. Último sorbo. Saltas de la silla y te paseas por el piso. Las habitaciones mudas. El pasillo mudo. Solo tus pasos. Y tus recuerdos… Ya, ya lo sé –te dijo él un día–, te mereces un aumento, pero con la que está cayendo, mejor no quejarse mucho. Y tú callaste. El primer silencio. Al cabo de un tiempo, él volvió. Es injusto –se disculpó–, no sabes cómo me cuesta decirte esto… Es sobre la conciliación. Ya sé que fue lo que pactamos, pero tendrías que reconsiderarlo. A los de arriba no les gusta, y ya sabes, tal como está todo… Y tú asentiste. Y callaste. Pasaron los meses. Y de nuevo él. Es terrible –se quejó para romper el hielo–, pero no hay nada que hacer. O se recortan sueldos o habrá despidos. Órdenes de Londres. Y tú, siguiendo la ley, callaste. Más semanas. Más incertidumbre. Más mutismo. Hasta que hubo una vez más. La última. El momento en que tu carrera profesional enmudeció. Ahora te paseas por la casa silenciosa, con los labios con sabor a café y el correo sin noticias. Se te atragantan todos los silencios. Y hoy, aunque ya solo sea para ti… gritas. 

Lo encontraréis el diario El Periódico de Catalunya del 1 de marzo de 2012

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