miércoles, 11 de enero de 2012

Un trabajo conciliador para no perder los afectos

"Estamos trasladando los afectos, en esta sociedad de la prisa, el estrés y los horarios de trabajo interminables, pagamos a otros, casi siempre mujeres latinas, para que cuiden de nuestros mayores y nuestros hijos", decía afligida un día Milagros Rivera. Hace tiempo ya, no recuerdo exactamente ni cómo ni cuándo surgió la conversación con esta conocida feminista del Centro Duoda de la UB, pero sus palabras resuenan hace tiempo en mí y con resignación niego moviendo la cabeza de un lado a otro en silencio y me muerdo la lengua para no chillar a todo el mundo cúan injusto y despiado es este mundo que estamos construyendo entre todos y todas. Hablo de la consabida concilición familiar y laboral, claro, de las condiciones de trabajo y los supuestos derechos que tenemos los españoles pero que muchos no nos atrevemos a pedir, no vaya a ser que... Hablo de la crianza de nuestros hijos, nietos, sobrinos, de ese tiempo precioso que estamos perdiendo con ellos, de lo que no les vamos a poder enseñar, de lo que no vamos a poder aprender a su lado. Hablo de educación, de familia, de amistad, de relajación, de felicidad...

Es cierto, estamos trasladando los afectos. Dejamos en manos de profesoras de guardería, escuela o campamentos las risas, los aprendizajes, las primeras palabras o pasos. En manos de abuelos, muchas veces demasiado cansados para tanto trajín, la educación que a veces no es compatible con sus ganas de dar un mimo tras otro sin cortapisas como "no le des chuches que no cena" o "no le vayas a comprar todo lo que te pide". En manos de niñeras, de aquí o de allá, que se hacen más íntimas de nuestros hijos que sus propios padres. ¿No es triste? A mi me dan ganas de romper a llorar desconsoladamente.

Todo esto viene a cuento de que estoy empecinada, contra la corriente actual, en seguir estudiando para oposiciones como administrativa en algún ayuntamiento o administración pública. Me aconsejaron empezar por abajo porque es donde más plazas convocan y donde es relativamente más fácil entrar, luego ya miraremos promociones internas y todos esos temas de escalar por dentro para tener un puesto acorde a la formación que tanto nos ha constado obtener. Aunque mi principal objetivo no es tener un empleo de escala A de licenciada, no, mi aspiración es ¡tener tiempo! al tiempo que aseguro un mínimo sueldo para hipoteca, comida, ropa y demás. Tiempo para mí, para la escritura y el periodismo, para estudiar, crecer, realizarme... Pero sobretodo, tiempo para ver crecer a mis hijos, disfrutar de sus monerías ahora, de sus aprendizajes y su amor incondicional en preescolar, de preguntas a todas horas en primaria, para sufrir su adolescencia con sus cambios y dudas y discusiones e ideales... No se me ocurre un plan mejor.

Yo no quiero trasladar mis afectos ni que me substituyan porque tengo horarios laborales imposibles con horas extras nunca agradecidas, recuperadas ni pagadas (los periodistas sabrán de qué hablo, ¿verdad?). No lo quiero, y menos por esos sueldos de miseria, o misericordia casi podría decir, que nos ofrecen ahora. No quiero sufrir por pedir unas horas libres (que por derecho tengo) para ir al médico con mi hijo o curarle con mimos la rubeola o la varicela (espero que jamás sea nada peor). No quiero correr deslenguada porque llego tarde a recogerle al colegio o porque ni tan siquiera veré su primera actuación de karate o lo que sea que decida hacer con sus tardes. No quiero ser una madre cansada, hastiada, irritable, estresada, con poco tiempo para comprar, hacer la comida (casera), cenar con ellos, leer un cuento antes de dormir, o inventarlo, hablar del día, resolver sus dudas, ayudar con los deberes o los exámenes. No quiero que mis hijos ni mi marido ni mis amigos ni mis vecinos ni mi entorno se conviertan en extraños.

Me diréis exagerada. Quizá. Aunque no tanto. Me sigue impactando la cantidad de mujeres de mi alrededor que, como yo misma, después de demostar durante años su valía y dedicación en el trabajo han sido denostadas, maltratadas, han sufrido mobbing o han sido despedidas tras su maternidad (o al finalizar la lactancia o querer pedir una reducción de jornada). Visto de mi perspectiva de isleña perdida en la gran ciudad, el ritmo frenético de Barcelona me marea, todavía, a veces. Y cuando llego a Ibiza y veo esa pachorra con que hacen todo... ¡Me da una envidia sana! Pero no penséis, también cuando voy a visitar a la familia en Suiza me doy cuenta que no es normal estas exigencias soterradas que tenemos que aguantar. Allí hace años que mis tíos han podido pedir reducciones de jornadas, los dos, para criar a sus hijos. ¡Y no ha pasado nada! Hace tiempo que disfrutan de sus tardes, hacen pasteles caseros y pastas para el té, incluso caramelos y flanes para el postre, van a recoger moras y frambuesas en el bosque, o a esquiar o a pasear por las tardes. Leen, hacen la siesta, juegan... ¿Cómo podemos pretender ser una sociedad saludable y feliz con las condiciones que estamos aceptando? Y encima con la crisis todo se magnifica y ahora sí que sí que nadie se atreve a reclamar nada. Pero, ¿no es lógico pensar que quién tiene vida propia, y la disfruta, tiene hobbies, intereses diversos, estudia, lee, juega, cría, educa... es también una persona más capacitada y un trabajador más motivado y eficaz?

Así que voy a desaparecer unas semanas para estudiar porque se avecina un examen, para ver si a pesar de los recortes consigo un trabajo estable con un horario y unas exigencias decentes. Y si alguien de vosotros conoce una de esas maravillosas empresas que hacen políticas de conciliación y de promoción del bienestar y la felicidad en el trabajo y se acuerda de mí, aquí estoy, dispuesta a seguir trabajando como la que más mientras también disfruto de mis afectos.

lunes, 9 de enero de 2012

Nada que envidiar: el parque de Can Solei i Ca L´Arnús

Encontrar un parque en el que estar tranquila cuando cada hermano gemelo se escapa en una dirección diferente, donde tengan espacio suficiente y los coches no pasen a ras, y donde bebés puedan convivir con niños más mayores sin sufrir peleas y percances no es tarea fácil.

Más de una y de diez veces he sufrido crisis de nervios al pretender ingenuamente ir con Pol e Izan a cualquier cerrado con columpios yo sola. Ante la mirada atónita o indiferente de otras madres y abuelas y de algún padre he corrido del tobogán en que Izan trepaba a los columpios donde Pol pretendía subir poniéndose delante de niños a velocidad kamikaze como si de un bolo de feria se tratara. Nadie movía nada más que las cejas, eso sí, debía ser un objeto de estudio interesante ver cuál de mis mellizos se hacía daño primero o si yo me desmayaría en el intento de tener el don de la ubicuidad.

Pero todo tiene remedio. He descubierto varios sitios en Badalona a prueba de gemelos acompañados por un solo adulto. La terraza del bar "Les Antípodes" en Francesc Layret -a pesar de que la nueva escalera de la salida de emergencia que hace el espacio reservado a niños menos seguro e ideal-, la explanada frente a la Escola del Mar en la Rambla y ésta en general, la playa -a pesar que la arena es más bien tierra sucia con colillas-, y sobretodo el parque de Can Solei y Ca L'Arnús.

Es ideal para pasear pues es grande y tiene hasta estanque con puente romántico y casas antiguas. Y tiene dos espacios con columpios, uno grande con tirolina, cuerdas para hacer el mono, cintas para saltar y un espacio de juego con arena; y otro más adaptado a los pequeños con un arenero en forma de barco y un mini tobogán, además de mesas de merienda, porterías de fútbol y un gran espacio para correr. A diez minutos de casa y... Uuuuufffffff, respiro tranquila. Sobretodo en días como hoy que estamos !solos!



Primer vocabulario Pol e Izan / español, català, français: la educación trilingüe y la adquisición del lenguaje de los gemelos.

"Papá" o algo parecido fue la primera palabra que entendimos con emoción hace ya muchos meses atrás de Pol e Izan. Se iniciaron prácticamente al mismo tiempo en el mundo de las palabras y la comunicación. Debían tener por entonces entre cuatro y cinco meses -es increíble que teniendo ahora tan sólo veinte no sea capaz de recordarlo con exactitud, ¿dónde lo dejé apuntado?- y la sonrisa del padre era tan espectacular como la emoción con que los mellizos repetían el soniquete "ppappppappppapppa". Ahora prácticamente necesitamos un diccionario de traducción Pol e Izan / castellano / catalán / francés. Es uno de los precios a pagar por la educación trilingüe, así que eso me propongo, facilitar la comunicación inicial entre nuestros gemelos y el mundo.

sábado, 7 de enero de 2012

Los mellizos Pol e Izan descubren los regalos de los Reyes Magos



Con 20 meses, esta vez sí que los gemelos sienten una emoción especial en el aire. Han llegado al salón corriendo en pijama con la intuición que algo sucedía, y allí estaban los paquetes bajo el árbol. Enseguida se han puesto a abrirlos con ansia bien seguros que algo había para ellos en ese paquete.



Han estado brincando mientras abrían los paquetes de los Reyes Magos y descubrían animales de granja, salvajes y un libro. Pero una vez abiertos todos los regalos, el elegido para empezar a jugar ha sido... ¡El patinete! Que tenga tres ruedas ayuda a que sea más estable, pero... ¿Por qué si te pones encima con los dos pies bien alineados y te balanceas adelante y atrás no se mueve? ¿Será que hay que sentarse y arrastrar los pies? ¿O que hay pasearlo por el manillar pasillo arriba y abajo? Ummmm, parece mucho más complicado de lo que parece. Con 20 meses descubrir cómo funciona un patinete no es tarea fácil. Y a vosotros, ¿qué os han traído los Reyes Magos?

viernes, 6 de enero de 2012

De Reyes Magos y cambios de mobiliario

El día ha acabado con la espera de la cabalgata de los Reyes Magos. La espera, aunque larga en el tiempo y fresca por el viento que corría, ha pasado más bien ligera con las carreras de los gemelos y la vecinita calle arriba y calle abajo. Qué hará tan atractivos los portales, especialmente los que tienen escalones... Y aunque aún no entienden bien qué pasa, Pol e Izan miraban pasar las carrozas sentados sobre los hombros de papá y mamá con cara de alucinados. Eso sí, si le preguntábamos a Izan si quería regalos, contestaba sin dudar que sí. Este año han descubierto el placer de rasgar el papel y descubrir juegos y objetos nuevos. Se han ido a dormir tarde y sobreexcitados pero dudo que se esperen el despliegue que hay bajo el árbol.
En cuanto al resto del día... Uf. Visto que hace algún tiempo que los mellizos tenían invadido todo el salón con sus juegos en vez de quedarse en la zona vallada, he estado arrastrando muebles y ordenando todo el día mientras ellos miraban a su madre como a una loca. Ahora tienen la mitad del salón a su entera disposición, sin barreras, con estanterías para sus juguetes y libros, y nosotros hemos recuperado los dos sofás. Eso sí, teniendo en cuenta que antes de la llegada de nuestros dos invasores el comedor estaba en la actual zona dd juegos, el salón queda algo abigarrado. Pero no nos podemos quejar, tener espacio para sus juegos es un lujo. Si s alguien se le ofrece pasar por nuestro chiquiparc, jugando estamos.


jueves, 5 de enero de 2012

Un post diario ni que sea minúsculo... Empecemos por el saludo a los trenes

G'mamon Luluuu, como llaman los gemelos a su bisabuela suiza, tiene una entrañable costumbre: cada día, sin faltar uno, anota en una minúscula agenda anual lo más relevante del día. Luego, cuando hace sus preciosos álbumes de fotos o cuando en la familia discutimos sobre algún evento que cada cuál recuerda a su manera, saca sus diarios y siempre encuentra la respuesta. Cuántos recuerdos bien guardados y resumidos en pocas líneas. Contagiada de su espíritu, he pensado intentar hacer un post diario ni que sea breve. De momento ando dejando mis huellas dactilares del pulgar derecho en la pantalla del móvil y se me ha dormido ya la mano izquierda de aguantar el teléfono. A no ser que sea un micropost al estilo twitter me temo que este sistema va a quedar soterrado por el clásico ordenador. Pero ahora que estoy, vamos a ello... Dejar los buenos propósitos de año nuevo ya en el primer intento sería de mal agüero.
Esta semana los mellizos aún no tienen guardería, el padre trabaja, los iaios siguen de vacaciones dd Navidad lejos y nos quedamos los tres en casa recuperando el ritmo (de los horarios, comidas, intestinos y normas) después de diez intensos días en Suiza. Pasamos las mañanas jugando, peleando, bailando, viendo a Pocoyo y Dora Exploradora en Clan TV, y yo poniendo una lavadora de ropa sucia tras otra, entre lavavajillas y recogida de la cocina o el salón y la preparación del menú familiar. Pensaréis que está la casa como los chorros del oro... Pues no, está hecha unos zorros y como la señora de la limpieza ha llamado para avisar que está encamada con bronquitis, tiene pinta que de aquí al lunes irá a peor, a mucho peor. En fin, con niños uno aprecia el orden de un modo distinto.
Comida, siesta (y más marujeo y/o una ducha para mamá), merienda... Y nos vamos a pasear. Justo antes de salir Pol grita "cacaaaaa". Es un detalle, ahora avisa cuando deja el regalito. Lo cambio. Camino a la puerta se me ocurre revisar el pañal de Izan: premio. Como les ha dado, sobre todo a Izan, por querer tirar los pañales a la basura, espero que vaya a la cocina mientras pongo la chaqueta a Pol. Demasiado silencio... Encuentro a Izan en medio del pasillo con el pañal sucio abierto, las "bolitas" de su estreñimiento esparcidas en el suelo y a él escupiendo "algo" desagradable de la boca... No puedo creer que haya probado... Mejor no lo pienso... Nooooo.
Superada la fase de poner zapatos, abrigos, entrar en el ascensor -cada uno con una bolsa de basura, quieren ayudar pero casi no pueden con ellas y Pol va diciendo "ça pue" porque huele peste-, abrir el carro con ayuda de los gemelos, pelearme para atar a Pol y salir, me dirijo a hacer compras. Hoy no va a poder ser, se están tirando del pelo, arañando entre ellos, chillando para salir y pataleando a los cinco minutos de paseo... Pfffffffffffff...
Acabamos en la playa viendo pasar trenes y diciéndoles adiós. Los mellizos me piden "más, más" en cuanto desaparecen, como si yo tuviera control sobre los horarios de Renfe... Si supieran!
Vuelta, cena, cuento (creo que ya es la cuarta vez que empiezo El Principio en francés y cada vez descubro moralejas nuevas), algo de televisión y este post antes de dormir. 'NonNuuuuiiiiiiii

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