martes, 29 de octubre de 2013

Gemelos en dos líneas escolares: las discrepancias

Escola Jungfrau, Badalona. De www.xtec.cat
La evolución de los mellizos en la escuela va a un ritmo que me da vértigo. Desde que empezaron P3 no hay día que no aprendan alguna canción relacionada con el cuerpo, el otoño, los animales o el nombre de su clase. Y aunque van a clases distintas, en la escuela Jungfrau aprenden exactamente lo mismo en una que en otra (tienen una coordinación envidiable, la verdad). 


Gemelos separados en la escuela: sí o no

De hecho, es de agradecer que la escuela tenga un equipo pedagógico tan bien dirigido y que se coordinen todos (y digo todos, profesores, personal técnico auxiliar y padres) para ir una. Me ha tranquilizado como madre de gemelos. Estuve dudando mucho si pedir en primera opción un colegio con una sola línea (clase) para que no los separarán porque me generaba muchas dudas el tema de la separación "por defecto". 


  • Si en la guardería han ido juntos tres cursos hasta los tres años y ha ido bien, ¿porqué cambiarlo ahora? 
  • ¿ No será demasiado cambio, un estrés emocional añadido, sumar el cambio de la guardería al colegio, con el cambio de profesores y compañeros, y encima separar los hermanos? 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Enfados encadenados: ¿Es una fase?


Salida del cole + promesa de ir al parque de bolas = contentos, caminamos hacia el bus = además de la merienda les doy un "sorpresa" porque se portan bien = cajita de latón con lacasitos = Izan quiere llevar la caja y enseñársela a papá y vivir con ella para siempre = Pol también = mamá reparte equitativamente el tiempo de que cada uno la lleve, y lo explica para que quede claro = le toca a Pol = cabreo de Izan (por enésima vez en dos días) = Izan sé para en medio de la calle, se sienta, agacha la cabeza, da patadas, gruñe, no escucha, grita = negociación = más gritos = Pol pregunta qué pasa y porqué no vamos a las bolas = negociación sin resultado = o vienes en x o nos vamos a casa = no vamos a las bolas = vamos a casa (a rastras) = gemidos de perdón = perdón + advertencia (si vuelve a enfadarse no vamos) = nuevo enfado por no querer limpiarse las manos (o más bien porque después de pedir perdón pretendía que le diera la razón sobre su turno de la caja pero no ha podido ser porque no lo era) = no vamos a las bolas definitivamente = Pol le dice que muy mal a Izan y que está "atontolinao" (de dónde lo habrá sacado) = estamos en casa. 

Pol jugando. Izan enfadado. Yo desanimada porque no hay manera correcta -quiero decir que no la conozco, aún- de enfrentarse a estos enfados bruscos, y porque no sé muy bien como evitarlos porque no puedo darle la razón en todo a Izan para que no se enfade y si su actitud (gritar, pegar, etc) tiene consecuencias tengo que cumplirlas. Aunque por el camino nos fastidiemos los demás.

10 minutos después Izan vuelve como si nada... O casi. Hasta la próxima. Desde hace una semana se enfada constantemente por cualquier cosa y no atiende a razones. Agotador. En fin, vamos a suponer que necesita aceptar la frustración y que es algo temporal. Entre enfado y enfado es del todo encantador, eso sí.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Dejar un niño meado sin cambiar en la escuela es cruel

Esto será breve: Cómo es posible que en preescolar, especialmente en P3 y recién iniciado el curso, dejen a un niño, casi un bebé todavía, meado hasta las trancas hasta que su madre, su padre, sus abuelos, la canguro o alguien venga a rescatarlo.

Desde que te llaman "ven a cambiar a tu niño que se ha meado" -si no cargado directamente-, hasta que puedes llegar o localizar a alguien para que vaya ha pasado por lo menos media hora. Eso tirando a lo corto y sin contar en ciudades donde uno trabaja a una hora de trayecto. Y mientras tanto el niño meado. Probablemente llorando, avergonzado, quizá dejado de lado por algún compañero... Y la maestra o el maestro... Qué hace: ignorarle, explicarle a un niño de tres años porqué no le cambia a ver si lo entiende... 

No es una leyenda urbana. No me lo ha contado la amiga de la amiga de la amiga ni la vecina de nadie (como lo de que las farmacéuticas pagan a gente por tirar piojos a los areneros y patios de los colegios porque si no, no se explica tal proliferación en los tiempos que corren de limpieza hasta exagerada). Le ha pasado a un familiar directo. Por suerte, en mi colegio tienen algo de compasión por el niño meado en cuestión (o cagado) y le cambian con ropa de segunda mano que tienen allí. Quizá tu hijo o hija no sale conjuntado ni a la última moda no guapi, pero sí seco y con la confianza en sus profesores algo más intacta. La norma existe, como en toda España, pero luego están las personas y el sentido común. 

Lo sé, hay muchos niños por maestro, más ahora que han ampliado ratios, y cada vez hay menos personal de apoyo. También sé, y respeto muchísimo, que el trabajo de la escuela no es ni mucho menos hacer de guardería, ni inculcar hábitos de higiene o hacer tareas asistenciales. Entiendo que los niños salen sucios, con mocos, quizá manchados y con heridas "de guerra". Comprendo que no llegan a todo, porque yo misma con gemelos a veces no doy a basto, y sólo sin dos. 

Sin embargo, dejarlos meados "porque no es mi trabajo", "no llego ni tengo personal de apoyo". "Estoy protestando contra los recortes"... No, lo siento, no puedo estar de acuerdo. Dejémonos de lo que estipula el contrato o la ley o de protestas o lo que debe ser. Pensemos en el niño meado que se sentirá sucio, incómodo, avergonzado incluso. Qué queremos transmitirle a ese niño: que es malo o está mal mearse encima? Que de "ese acto sucio" sólo se ocupa mamá? Qué la maestra o maestro no le miman tanto como en casa? Queremos culpabilizarlo, avergonzarlo? 

Y tanto más si esto ocurre en las primeras semanas de colegio en que los pequeños están adaptándose. Si además es uno de los pequeños que cumple justo a final de año y se lleva casi 12 meses de diferencia con alguno de sus compañeros. Quizá está enfermo. O tiene un hermanito reciente y en su crisis de celos está en plena etapa regresiva. O simplemente aún está aprendiendo a controlarse y vivir sin pañal. Se ha despistado. Lo que sea. Pero seguro que no todos los niños se mean (son los menos), ni lo hacen todos a la vez (puede haber un día malo pero no creo que tantos), ni siquiera cada día y mucho menos durante todo el curso. 

Dejar un niño meado, llorando, sin cambiarle, me parece cruel, contraproducente y además injustificable.  Las normas se pueden saltar, y cambiar.  Un poco de sentido común, por favor. 


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