sábado, 9 de noviembre de 2013

Imaginación, fantasía y mentira: la realidad a los 3 años

Lo sé, la historia de Pol es escatológica y, francamente no sé de dónde sale. Pero ya van por lo menos tres o cuatro veces que la cuenta y no he resistido la tentación de grabarla. Me hace gracia la imaginación que tienen en esta época de sus tres años y como inventan historietas a todas horas. Que si hacen un pícnic entre los dos gemelos en pleno pasillo con un pañuelo extentendo y coches que simulan la comida. Que si juegan a piratas que navegan sobre el sofá para escapar de los Gormitis malos que a su vez escapan de un mono malísimo que cinco minutos antes era el mago que hacía aparecer café en el horno de su cocinita. La frontera entre la fantasía, la realidad y la mentira es algo muy curioso de observar en la evolución de los niños. 

El cuento que podéis disfrutar en directo en el vídeo viene a ser que hace muuuuuuchaaaa caca; tanta, tanta que llegará hasta el cielo, y como no cabrá, y por la puerta del lavabo llegará hasta la otra punta de la casa e inundara el salón. Es más, saldrá por la ventana y caerá encima de la gente que pasea debajo. Puaj, dirán. Y querrán irse con su coche pero el motor no funcionará. 




El cocodrilo que nos come


Curiosa fue también la historia del cocodrilo. Des? de que empezaron a quitarse el pañal, les hizo gracia comparar sus cacas con alguna forma: 
- Mira, he hecho un avión. 
- ¡Es un tiburón!
Pero sobre todo las cacas eran cocodrilos. Y érase una conversación: 
- He hecho un cocodrilo enoooormeeeee.
- ¿Ah sí? Cuidado...
- ¡Uy! Me ha mordido el culo. 
Al día siguiente: 
- ¿Y hoy qué has hecho? 
- Un cocodrilooooo
- Cuidado, que no te muerda el culo
- Pero mamá, que no es un cocodrilo de verdad, que el cocodrilo está dentro de la caca, hombre. 
- :O
No sabe una cuando seguirles el juego, la verdad. 


El descubrimiento de la mentira

No, no estamos todavía en la época "caca, culo, pedo, pis" como métodos para troncharse de la risa. Es más bien la época de contar historias de todo tipo, medio inventadas, medio realidad, la frontera con ellos es a veces algo difusa. Y es que por un lado lo viven todo con una intensidad que todo lo vuelve verdadero, muy real. Y por otro estamos descubriendo la mentira y la fantasía. 

Es como el momento de irse a domir y de pedir los cuentos personalizados que comenté hace unas semanas. Seguimos en pleno auge de la inventiva. Pero además, hemos sumado las mentiras. Que las pillas en seguida, pero no por ello deja de ser todo un descubrimento, para ellos y para los padres que asistimos alucinados a esa evolución de la picaresca. Para muestra, un par de momentos de los últimos tiempos. Y curiosamente es Pol el que las protagoniza todas, parece que Izan todavía juega con total franqueza y lo cuenta todo sin esconderse. 


Momento 1 - ¿Has llorado en la piscina? 

Hemos empezado un curso de natación y los primeros días los mellizos son reticentes a ir. Así que si se portan bien, el trato es que pueden escoger una chuchería y el primer día incluso una máscara de Frankestein que les hacía ilusión. Pol entró llorando aunque luego lo pasó bien dentro, lo sé, pero aún así al salir dijo muy ufano:
- Mamá, no he llorado nada. Ahora compramos la máscara, ¿vale?
Compramos la máscara, a pesar de haber llorado sé que para él ha sido un esfuerzo entrar en la piscina grande sin sus padres y con monitores y niños desconocidos. Pero un rato largo después de haberla comprado, medio vergonzoso y arrepentido va y me suelta:
- Mamá, sí que he llorado. He llorado mucho, mucho.
- Y porqué me has mentido.
- Es que quería la máscara.


Momento 2 - La comida y el museo

Se levanta Pol un sábado muy temprano y viene corriendo a la cama de papá y mamá a despertarnos a grito pelado:
- Vamos al museo a hacer un pícnic.
- Pero en el museo no podemos entrar comida, Pol. 
- Bueno, pues la ponemos en la mochila escondida y no decimos nada. 

Es muy curioso todo este tema de los juegos simbólicos y las historietas que cuentan. Cuando hay gente que argumenta que los niños de hoy día no tienen imaginación porque tienen demasiados juguetes o ven mucho la televisión no deben haberse cruzado con niños como los míos. Claro que en sus historias se mezclan personajes de ficción televisiva, películas, cuentos, experiencias vividas realmente y historietas que nosotros les contamos. Pero eso no me parece que sea falta de imaginación. Sin ser experta, ¿realmente puede tenerse falta de imaginación o es un proceso innato e intrínseco a la mente humana? Investigaré, prometido. 

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