jueves, 2 de mayo de 2013

Regalos de cumpleaños infantiles: entre la ilusión y exceso

Lista de los deseos para el cumpleaños. No es todo lo
que quieren ni todo lo que (no) recibirán. 

Cuando nos invitan a un cumpleaños infantil, decidir qué llevamos de regalo es a veces complicado. Los niños de hoy día tienen de todo (los de clase media, por lo menos, y que no estén en una situación precaria, entiéndase esta generalización bien): lo que necesitan, lo que desean y más. Desde antes de que nacieran, cómo gestionar el tema de la profusión de regalos junto con los valores que transmitíamos, era para mí un problema. No sólo se trata de estar de acuerdo en el volumen de regalos que los niños han de recibir, si no de qué tipo de regalos, cuándo se entregan y cómo se entregan.

En el tema de los regalos infantiles es donde se pueden percibir diferencias de criterio entre las familias paterna y materna, entre los propios padres que no siempre se ponen de acuerdo, entre generaciones y entre los propios amigos. Y es un tema delicado, porque por lo menos yo no tengo intención de interferir en lo que los padres deseen inculcar a sus hijos. Se me ocurre la siguiente lista de temas sobre los que reflexionar a la hora de hacer un regalo, partiendo de la base que esta es mi visión, muy personal, y que ni tan siquiera la comparte mi marido con quién hemos de negociar siempre hasta dónde llevamos las cosas. A mi entender, pues, los regalos han de:

  • Ser regalos con valores positivos: no sexistas, no violentos. No soy radical, a Izan le pirran las pelotas desde que tiene meses y porque sea chico no le voy a obligar a que juegue sólo con muñecas. Pero si la pelota que le llama la atención es rosa con purpurina, si además de la pelota le gusta pasear a muñecas en cochecitos y darles el biberón, si además le gusta cocinar o me pide un aspirador o una escoba, pues por supuesto que no se lo voy a negar. Es más, lo fomentaré, conociéndome. Más difícil me está siendo aceptar que les encanten las pistolas (de agua), las espadas para jugar a piratas y que blandan cualquier palo como arma persiguiendo al hermano. Y lo que de verdad me tiene estupefacta y debo confesar que me afecta es cuando les pregunto qué tal el día y me contestan "bien, hemos jugado a matar. Izan era el malo y Óscar y yo le perseguíamos y le matábamos". Ufff, tengo que respirar hondo, contenerme y recordar que también tienen la influencia de la guardería, que les encantan los dibujos de batallitas como los Gormitis, que lo hacen sin maldad y que... Ufffffffffff.
  • Ser regalos educativos. Aunque he de matizar que en realidad creo firmemente que el juego es de por sí educativo y de que todo depende después del uso que se le dé. De nada me sirve que mis hijos tengan quinientos puzzles sin con ellos juegan a tirarse las piezas. Y en realidad, con casi cualquier cosa se puede construir una historia, colaborar, compartir (esta lección, los gemelos la aprenden rápido por fuerza), a turnarse (otra lección gemelar que se aprende sí o sí)...
  • Estimular la creatividad y la imaginación. Me encanta verlos jugar con la plastilina, dibujar con ceras, pintar con las manos, disfrutar de contarme un cuento a su manera, debatir sobre qué está pasando en una película, construir casas con toallas, mantas y pinzas en cualquier rincón... Y me encanta exponerlo, que me ayuden a colgar sus obras en la pared de la entrada, a poner el blue-tag y que la enseñen con orgullo a quién quiera venir a casa a visitarnos.
  • Alguno puede ser un regalo útil: entre tanto regalo como reciben los niños, ya está bien que haya zapatos, ropa, mochilas para el cole o cualquier cosa que necesiten (pañales, material escolar o lo que pueda ayudar a la familia a no tener que gastar de más).
  • Y regalos en su justa medida. Este es un tema de discusión recurrente y que me carcome un poco. Estoy convencida que los niños no pueden tener todo lo que quieren (y lo que no quieren). No sólo porque no los aprecian tanto, los olvidan en un rincón y ni se acuerdan e incluso creo que se llegan a agobiar, a perder la capacidad de atención de tantos estímulos como tienen. Si no porque además, ¿qué valores estamos transmitiendo? ¿Crecerán pensando que todo lo que deseen lo tendrán al alcance de una petición amable, o incluso de una rabieta? ¿No les creará eso en el futuro muchas frustraciones cuando descubran que no todo se consigue a la primera? ¿Qué hay del esfuerzo, del valor de las cosas, del orgullo que se siente cuando se ha conseguido algo poniendo de nuestra parte? ¿Qué hay de la paciencia, de saber esperar, de aprender a elegir y a tomar decisiones? Y la discusión siempre es, ¿cuánto es mucho? ¿Es un tema de cantidad, de precio, de ambas cosas? Yo sería partidaria de que los niños en Navidad recibieran un número limitado de regalos, que los que regalamos nos pusiéramos de acuerdo en qué es lo que de verdad les hace falta y les ilusiona. Y en los cumpleaños igual, ¿porqué no juntarse o regalar incluso galletas hechas en casa, alguna manualidad que se ha elaborado pensando en ese niño, regalar una experiencia como un día compartido en el teatro o en el zoo?

De verdad me preocupa el tema porque además es algo imparable. A la gente, por otra parte, nos gusta tener el detalle, regalar algo, demostrar el afecto. Yo misma soy de las que gusta de regalar porque sí, sin ocasiones especiales de por medio, y especialmente en días señalados. No necesariamente cosas de mucho valor económico, pero sí, siempre, cosas pensadas para esa persona en particular.

El dragón, el turrón, las pegatinas y la lista de deseos
del tercer cumpleaños. (c) Familia Torregrosa Ramón, 2013
Para poder controlar un poco el tema, en casa empezamos estas Navidades haciendo una carta a los Reyes en que recortamos las cosas que nos gustaban, y de todo el montón escogimos un máximo de 5 teniendo claro que no todo lo pidiéramos iba necesariamente a ser recibido como regalo. Para su cumpleaños, como todo el mundo nos preguntaba qué regalar a los mellizos (lo dicho al principio, como los niños tienen de todo ya no sabe uno qué dar, a mí me pasa igual en cada cumpleaños), hemos repasado la revista del Imaginarium, que teníamos a mano, para que pudieran señalar qué les gustaba. Con algo de orientación de "esto es para nenes grandes" o "esto otro ya lo tenemos" porque si no lo quería todo. Y de lo escogido y recortado, hemos hecho una lista de deseos, conjunta esta vez, que hemos enviado como sugerencia señalando que ni mucho menos esperamos nada de regalo más allá de que nos vengan a ver al cumple. Hemos colgado la lista en nuestra pared expositor, están locos de contento. Casi que les hace más ilusión todo el proceso previo de invitación a la fiesta, pensar los regalos y pensar en los invitados que luego los propios regalos. Bueno... No, desenvolver los regalos también les vuelve locos.

Finalmente, en mi opinión los cumpleaños y fechas señaladas como la Navidad son eso, fechas especiales. Y para que realmente lo sean, los regalos no pueden aparecer por casa por arte de magia en cualquier momento y a todas horas. Sí, decía antes que me gustan las sorpresas y que un día cualquiera pueda ser un día sorpresa con un detalle. Pero eso es un día, y no un continuo degoteo de "pues si quieres esto, esto tienes ahora". Si lo quiere de verdad, podrá esperar un poco a tenerlo el día de su cumple o en algún logro o fecha determinada, ¿no?


3 comentarios:

  1. Nosotros tenemos el firme propósito de hacer regalos en su justa medida y no de forma excesiva, porque al final los niños crecen sin apreciar nada. Pero por lo que vemos en las familias que nos rodean, a veces esto es una tarea imposible, ya que todo el mundo regala algún detallito y al final la montaña de juguetes crece de forma inesperada.

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  2. Gracias por los consejos, dentro de poco el el cumple de un amigo de mi sobrino y no sabemos que regalarle..
    Saludos

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  3. Gracias a tí por leer y comentar, Carmen. Me alegra saber que mis diatribas maternales sirven a alguien :)

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