jueves, 18 de junio de 2015

Mi hijo baila: ¿hay extraescolares de niño o de niña?

Mi hijo baila. Sí, es un niño. Y sí, baila. Y yo voy  a verle a los espectáculos que hacen y me derrito. Debe ser la tontuna del amor de madre, pero ver todo un grupo de niños y niñas de cuatro y cinco años bailar dos coreografías enteras con ese salero y esa gracia, a mí me funde y se me queda cara de bobalicona mientras hago fotos a diestro y a siniestro y otros tantos vídeos, vaya a ser que de mayores se nos olvide la gracia que tenía el niño exhibiendo sus dotes artísticas.

Espectáculo de danza fin de curso, "Minidancer" - Derechos reservados (c)
La verdad es que dudé mucho el año pasado antes de proponerles a los mellizos las extraescolares que podrían hacer este año. En nuestra escuela no son partidarios de saturar a los niños con extraescolares y me encanta esa filosofía. No parece muy sano que los niños encadenen extraescolar tras extraescolar porque los padres tenemos horarios laborales imposibles de conciliar con la vida. Igual que no me parece que los niños necesiten aprender muchos más conceptos, idiomas, matemáticas o estudiar después de pasarse 8 horas en el colegio haciéndolo. No quiero que mis hijos cojan tirria al estudio, quiero que disfruten aprendiendo. Y quiero que tengan tiempo de jugar, de relacionarse, de aprender de otro modo y hasta de aburrirse. Que aburrirse es muy sano, da para lugar para pensar. Total, que me gusta la filosofía de no hacer extraescolares para niños de P3 que sólo tienen 3 y 4 años. Y la de tener opciones reducidas para los de P4 y P5 con cuatro, cinco y seis recién cumplidos. Pero claro (siempre hay un pero), resulta que luego las opciones a elegir en esas edades son pocas.  


Para P4 en nuestro colegio hacen juego conducido, que es como una ludoteca para un ratito, danza y futbásquet (que es un día fútbol y otro básquet). En ningún sitio está indicado que danza sea sólo para niñas y futbásquet sólo para niños, pero podéis imaginar fácilmente lo que sucede en estas extraescolares y quién se apunta a qué: las extraescolares no discriminan pero nosotros les ponemos género. Así que dudé mucho porque…
  • Tenía muchas ganas que los dos mellizos hicieran danza como medio de expresión corporal, para conocerse mejor, para aprender a disfrutar de la música y del movimiento como lo hacemos su padre y su madre.
  • Me parecía además un acto reivindicativo que mis hijos hicieran danza, que ya está bien de ver sólo niñas bailando y sólo niños tirando las pelotas a portería o la canasta. Desde tan pequeños y ya tan divididos por tópicos de género.
  • Reconozco que además tenía ciertas reticencias y prejuicios con los deportes de equipo, sobre todo con el fútbol y con lo que había oído del comportamiento de algunos padres en las competiciones con chillidos al árbitro, presiones innecesarias y fuera de lugar a los niños que juegan para que hagan tal o cuál de tal o cuál modo, y encima el consabido “a mí no me eligen, no me la pasan, porque juego pero que Fulanito”.
  • Pero no quería ser tendenciosa ni obligar a nada a mis hijos, quería que escogieran si querían o no hacer alguna extraescolar y cuál era la que les apetecía hacer. 


Así que después de darle vueltas me planté ante los mellizos les pregunté qué querían hacer: fútbol y básquet o danza. Pol tuvo clarísimo que él quería hacer futbásquet como sus amigos. Izan dudaba, escogió danza pero también quería ir con su hermano. Así que probó. Y no se decidía. Por un lado lo pasaba en grande bailando y lo disfrutaba, pero por otro él mismo veía que todo eran niñas (y eso que había cuatro chicos entre la veintena de niñas que bailaban, hecho insólito que en los grupos de danza de niñas mayores ya no se da), y porque todos sus amigos (chicos) estaban jugando a básquet y a fútbol con su hermano. Pero como se hacía el mismo día a la misma hora y había que decidirse, Izan escogió finalmente danza.

Ha ido todo el año feliz a bailar. Su profesora de baile está enamorada de él. De su timidez y su modo de levantar los hombros antes de empezar a bailar porque le da pudor… Pero lo hace. De cómo baja un poco la cabeza y se pone algo rojo… Pero baila. De su nivel de atención, siempre en primera fila, dispuesto a hacer lo que le digan, tan aplicado, obediente y perfeccionista.

Ha bailado todo el año feliz sin darle vueltas a si era cosa de niñas. Y además se ha establecido una especie de división curiosa entre los mellizos que tienen muy claro que Izan es quién baila y Pol quién tira pelotas con el equipo. Supongo que les ayuda a tener cada uno un espacio propio, a diferenciarse de su hermano que está siempre presente, a tener algo que es de uno y sólo de uno. Supongo que debe ser importante para un gemelo tener este espacio y por eso nos parecía fantástico. 
Lástima que por el camino Pol ha dejado de bailar en casa. Lástima porque siempre lo disfrutó mucho, saltar y moverse como un loco al son de cualquier música, a solas, conmigo, con su padre… Ahora resulta que no baila “porque el del baile es Izan”. Cosas de niños, me digo, y en secreto confío que se le pasará este tema y recuperará el gusto por el baile en un futuro próximo.

Estoy contenta. Cada gemelo ha encontrado su espacio y me parece genial. Y disfruto cuando cada uno se emociona porque hoy toca ir al espectáculo de danza de Izan y mañana al partido de básquet de Pol. Aunque ahora resulta que el año que viene Izan no quiere seguir bailando (menuda decepción para su profesora, y para mí, y para el grupo que parece que volverá a ser sólo de niñas perpetuando el tópico mal que me pese). Quiere hacer futbásquet con su hermano. O rueda de deportes (que es una nueva extraescolar para los de P5, cada año se van incrementando el número de cosas que por edad pueden hacer) porque le hace mucha ilusión hacer hockey (ni idea de dónde ha sacado la pasión por este deporte que en casa ni se menciona ni se ve ni nada de nada). ¡Ah, y patinaje! ¡Quiere hacer patinaje! Y esa sí es una extraescolar chulísima pero que sólo tiene niñas emocionadísimas con sus patines blancos y rosas, sus moños y sus bailes de hip hop sobre ruedas. A saber en qué acabará esta historia. De momento disfruto de los vídeos de Izan bailando y sonrío con algo de pena porque no quiere seguir bailando (en extraescolares).

¿Y vuestros hijos, bailan? ¿Juegan a básquet vuestras hijas? Porque mi hijo baila. Y sí, es un chico. Y yo le miro y me derrito.


6 comentarios:

  1. Pues creo que aún quedan muchos estereotipos que superar. Yo no sé lo que le gustará más a mi bichilla, pero de momento prefiere correr dándole patadas a una pelota antes que jugar con muñecas. Cuando nos llegue el momento de elegir actividades extraescolares, ya veremos si se me hace futbolista o se me sorprende con alguna nueva afición.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto, Lucía, incluso cuando crees que tú misma los tienes superados, los estereotipos te alcanzan y te atrapan. No es tan fácil salir de ellos, porque no es sólo cuestión tuya (aunque tienes mucho peso) si no también de tu entorno. El inmediato (abuelos, tíos, amigos) y el más amplio (los propios compañeros del colegio). Hoy mismo Izan se ha echado atrás de ir a las puertas abiertas de patinaje porque "sólo van niñas". Y me ha dado lástima, porque se pasa las horas mirando desde la barrera como patinan las niñas. En fin, seguiremos intentando que hagan lo que realmente quieren hacer. Te digo, que la mejor jugadora de bàsquet del equipo de Pol es eso, una chica. :)

      Eliminar
  2. Mira.....diciéndote que Gabi, niña, hace karate y es una crack te lo digo todo. Han de hacer lo que les guste sobretodo cuando son pequeños.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Cuánta razón, Bea! Eso es lo importante, que hagan lo que les gusta. Lo malo es que por ejemplo veo claro que Izan disfruta bailando y que se queda embobado con el patinaje, pero si no sigue o no quiere ni probarlo es precisamente porque en el grupo sólo hay niñas y sólo este hecho ya le tira para atrás. Vete a saber los comentarios que sus compañeros le hacen. ¡Saludos a la campeona!

      Eliminar
  3. ¡Me encanta que haga danza! Lo llevé al mayor a un taller de arte, que fue lo único que encontré fuera de los deportes y los idiomas, pero hizo un mes y se aburrió de que fueran todas nenas. La seño también lo separaba haciéndolo hacer cosas en celeste y se aburrió. Traté de incentivar a mis amigas mamás a que lleven a sus hijos, pero no hubo caso y ni te digo las cosas que me decían los papás de otros nenes cuando se enteraban que mi hijo hacia arte. Cerebro de mosquito es mucho...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué pena, Clarisa. Acaso tenemos que seguir ahondando en que sólo las niñas son sensibles y artísticas de un modo "innato"? No seria bueno que los chicos también tubieran sensibilidad y capacidad de expresión y que las chicas fueran fuertes y amantes del deporte y de ensuciarse las manos... Espero que puedas encontrar el modo de seguí luchando por la igualdad y el respeto desde tu terruño. Gracias por haberte pasado por aquí.

      Eliminar

Instagrameando con @celiaramon

MIS ENTRADAS MÁS POPULARES