El inicio del tercer día de vacaciones de Semana Santa ha sido accidentado y demasiado precipitado: Andrés ha venido a despertarme de mi incómoda postura en el sofá junto a un Pol medio dormido y medio vigilante diciendo que ya era tarde. Corre que te pillo y sin tiempo de sacudir el mal humor, he recordado una noche medio en vela, primero con Izan entre sus padres con los ojos como platos y queriendo jugar en el colchón de matrimonio de madrugada. Luego, Pol que también se despierta, llorando, con hambre. Desvelado porque he calentado los biberones para los dos a la vez con él en brazos -y por los llantos incontrolados de su hermano-, ya no ha vuelto a dormirse y el único modo en que se ha mantenido tranquilo ha sido acurrucado junto a mí en el incómodo sofá cama. Iba a ser algo provisional pero nos ha pillado el inicio de la jornada con una manta fina líada en los pies y el frío amenazándonos.
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Izan en su siesta de media mañana |
Desde el lunes no paro de recordar la frase de la directora de la guardería el viernes: "Buenas vacaciones, que lo paséis bien y descanséis mucho". Yo estuve a punto de contestarle que pasarlo bien, seguro, pero descansar, lo que se dice descansar, estando la guardería cerrada, se me antojaba misión imposible. Empecé a mentalizarme... Una semana a solas con los niños, una semana, una semana... Bueno, con Andrés a partir del jueves y los abuelos un ratito por la tarde, pero... Una semana, una semana... Como suele suceder, los días se suceden sin tiempo para nada y más o menos iguales aunque diferentes. Normalmente, uno de cal y uno de arena. El lunes, pues, fue una mañana para olvidar de lloros, habre, peleas, una madre hecha un manojo de nervios y al final con un tono de voz algo elevado y gestos un poco demasiado bruscos. ¡Y un gran sentimiento de tristeza y de estar haciendo el papel de madre de un modo desastroso! En fin, hay días así. El martes, mucho más organizado, me levanté pronto, desayuné antes que ellos para tener fuerzas, y todo fue mucho más rodado y sin grandes crisis. Y el tercer día, hoy... Vuelta a la carga:
9:10 - Acabo de vestirlos y cambiarlos e intento dejarlos en el salón de juegos, pero hoy volvemos a la rutina del lunes... Nada que hacer, no puedo desaparecer sin que chillen, me cogen de las piernas y se arrastran conmigo si intento andar, se pelean por cualquier juguete que tenga el otro, intentan hacerse caricias que acaban en tirones de pelo y orejas... Está bien, empecemos la ruta de comprobación... ¿Será hambre?