Dos años... ¡Cómo pasa el tiempo! Sueno a vieja chocha de frases manidas, lo sé, pero es que... ¡Cuánta razón tenían las personas mayores cuando nos decían de niños que el tiempo pasa volando y que hay que aprovecharlo, que de joven uno no se da cuenta pero luego todo pasa a la velocidad del rayo! En algún lugar escuché, no sé si en el programa Redes de Eduard Punset o en algún artículo de Muy Interesante, que de hecho la percepción del tiempo se acorta cuando envejecemos por un tema puramente físico: tenemo menos neuronas. Pero yo creo que tiene mucho que ver con la multitud de cosas que hacemos los adultos, muchas de ellas seguramente inútiles o no tan importantes como nos pensamos, y con la rutina también, de algún modo. Porque recuerdo perfectamente como el Erasmus de 6 meses fue una de las experiencias más intensas de mi vida y me parecieron muchos, muchísimos más meses por la intensidad de las emociones, las relaciones, los descubrimientos. En un día cabían por lo menos tres o cuatro jornadas enteras de estudios, amistades, turismo, fiestas, paseos y conversaciones. Así que supongo, y esta es una teoría propia, que la rutina o la novedad del descubrimiento constante y la pasión o el desapasionamiento con que hacemos las cosas tiene también algo que ver en la pesonal percepción del tiempo que tenemos.
viernes, 27 de abril de 2012
El paso del tiempo: 2 años cuánto son, ¿mucho o poco? (Lecciones de vida: la felicidad y el aprendizaje con niños)
Dos años... ¡Cómo pasa el tiempo! Sueno a vieja chocha de frases manidas, lo sé, pero es que... ¡Cuánta razón tenían las personas mayores cuando nos decían de niños que el tiempo pasa volando y que hay que aprovecharlo, que de joven uno no se da cuenta pero luego todo pasa a la velocidad del rayo! En algún lugar escuché, no sé si en el programa Redes de Eduard Punset o en algún artículo de Muy Interesante, que de hecho la percepción del tiempo se acorta cuando envejecemos por un tema puramente físico: tenemo menos neuronas. Pero yo creo que tiene mucho que ver con la multitud de cosas que hacemos los adultos, muchas de ellas seguramente inútiles o no tan importantes como nos pensamos, y con la rutina también, de algún modo. Porque recuerdo perfectamente como el Erasmus de 6 meses fue una de las experiencias más intensas de mi vida y me parecieron muchos, muchísimos más meses por la intensidad de las emociones, las relaciones, los descubrimientos. En un día cabían por lo menos tres o cuatro jornadas enteras de estudios, amistades, turismo, fiestas, paseos y conversaciones. Así que supongo, y esta es una teoría propia, que la rutina o la novedad del descubrimiento constante y la pasión o el desapasionamiento con que hacemos las cosas tiene también algo que ver en la pesonal percepción del tiempo que tenemos.
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