miércoles, 27 de julio de 2016

Niños que juegan a peluqueros y otras trastadas

Tenía que pasar un día u otro. Que los niños jugaran a peluqueros para verse guapos. Y que la solución del tremendo trasquilón sea raparse y dejar crecer el pelo de nuevo. El tema es que fue en casa ajena. Que fueron a jugar a casa de amigos y pregunté inocente por whatsapp, "qué tal?". Y recibimos un "bien, ahora te cuento". Y "ahora te cuento nunca es buen augurio". Me imaginé peleas, destrozos y ya estaba maquinando entre disculpas y broncas cuando me encontré con el trasquilón cara a cara y lo único que fui capaz de articular fué un "pero qué has hecho? Bueno... El pelo crece, lo tapamos mañana y ya crecerá". En fin... Que un día u otro tenía que pasar. 



Se pasan el día haciendo inventos y experimentos, tal cual los llaman, y en el proceso he perdido media despensa de buenos tés y algunas cremas, colonias y jabones que les han servido para jugar a hacer una tienda de perfumes (en la que para más inri tenía que comprar "con dinerito de verdad". En fin... 

Teniendo en cuenta que les hace muchísima gracia que a su madre (sí, hablo de mí) le pareciera buena idea vaciar en línea recta ida y vuelta todo un tubo de dentífrico en el suelo "para ver cuánto medía", lo raro es que no hubieran pensado antes en usar las tijeras. Menos mal que no les ha dado por ser modistos. 

Que de tal trasto, tales trastadas. Qué miedo dan cuando están en silencio!!!

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