viernes, 4 de abril de 2014

Actividades extraescolares para padres


Seamos francas: ya son ganas que las madres (y algún padre afortunado que intenta "conciliar" o que está en paro) vayamos como locas de arriba abajo, comiendo bocadillos de tortilla en el metro  porque hemos salido justas del trabajo (y encima con remordimientos por los hidratos y la puñetera dieta de "quiero ser una mamá sexy"), que tengamos incluso que whatsappear a la vecina amiga "por sí acaso llegamos cinco minutos tarde a la recogida de los niños" y que, vaya por Dios, toque participar en las actividades del colegio.

Que no se me malentienda, soy una gran defensora de las asociaciones de padres y madres, de la participación, la colaboración, la fiesta colectiva, las relaciones, conocernos y crear comunidad. Y me encanta el colegio por eso. Pero es que hay días y sobre todo si es viernes que te pilla con las ganas bajas. Sobre todo porque sabes de antemano que va a ser un descontrol, que tus mellizos estarán cada uno en una punta y no son de esos niños tranquilos que esperan pacientemente junto a mamá para hacer una manualidad como Zutanito, ese que dibuja como los ángeles sin salirse de la línea con apenas 3 años. O Fulanita, aquella otra que antes de dar un paso pide permiso a su mamá que, siempre sin levantar el tono de una palabra por encima de otra, porque ni falta que le hace, le dice calmadamente y con total confianza que así será sin rabieta mediante, que "ahora no, cariño, quédate junto a mamá que en cinco minutos te toca pintar".

Vamos, que con mis mellizos es misión imposible. Y mucho menos si la actividad dura más de 10 minutos, como mucho. Que se saben entretener, pero a lo brutote. Corriendo, saltando, pintando fuera de toda línea y papel, y si es en la cara, mejor, y si es en la cara del compañero, la cosa gana muchísimo. Así que mientras las mamás pintaban estupendas por el suelo con toda la calma, a la menda, que ha llegado cinco minutos tarde a la concentración porque sus dos piezas corrían de árbol en árbol a la salida del colegio, a la menda, digo, le ha tocado armarse de paciencia y vigilar no a dos si no a diez niños de tres a cuatro años para que se entretuvieran mientras las mamis pintaban primorosamente. Lo siento, señoras de la limpieza del cole, sí, mi tropa de aguerridos pintores con rotuladores en mano (a quién se le ocurre) se han salido de sus papeles y han pintado el suelo. Y a los diez minutos estaban hasta las narices de pintar y han empezado a correr entre los carteles que tan bonitos estaban quedando. Y claro, yo hacía de Srta. Rottemeyer, pero comedida, que poner en su sitio a los niños de los demás no es lo mismo. Vamos, un estrés.

Ah, pero hemos sobrevivido, y la fiesta quedó preciosa. Porque todo este despliegue era para organizar y decorar la fiesta de primavera del colegio.


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