domingo, 10 de octubre de 2010

La guardería Pam i Pipa

Adaptados y contentos, así estamos después de algunos altibajos con los primeros resfriados y las dos primeras semanas de guardería durante las que nos teníamos que acostumbrar, padres e hijos, a la separación y la nueva situación. Como todavía estoy de baja maternal, Pol e Izan han hecho la adaptación poco a poco y hasta alcalzar las tres horas que estarán de momento de 9:00 a 12:00 por la mañana. Podríamos llevarlos también por la tarde desde las 15:00 a las 17:00 dentro de la misma cuota de 127 euros por niño, pero lo cierto es que para entonces ya estamos en casa de la abuela Conchi comidos y haciendo la siesta, a punto de volvernos a despertar y de coger el cochecito doble para ir a pasear de regreso a casa. Hay niños que se quedan a comer entre las 12:00 y las 15:00 por unos 120 euros al mes más, y es una opció interesante teniendo en cuenta que la cocinera hace las papillas y las comidas de los bebés adaptadas a cada niño (según los ingredientes que come, sus alergias, sus gustos) y con productos ecológicos. Pero nuestros pequeñajos todavía toman leche tanto de biberón como del pecho y de momento no vale demasiado la pena.



La adaptación es un proceso interesante. Las educadoras insisten mucho que es tanto para los padres como para los niños, y es que dejarlos allí y salir por la puerta a pesar de ver que están perfectamente y que todos los detalles están controlados es duro. Siempre se pregunta una si no estará haciendo algo mal al dejar a bebés de cuatro meses en manos de extraños. Aunque confieso que tenía más dudas antes de conocer la guardería y su personal.

Pam i Pipa es una guardería municipal de Badalona que tiene unas instalaciones soleadas y amplias. En la estancia de los Picarols, que es la de los bebés, hay dos educadoras todo el día para los ocho niños que han decidido repartirse el grupo para que cada una conozca mejor a sus niños: sus gustos, sus rutinas, sus maneras de pedir y hacer las cosas... Son muy cariñosas y atentas y además tienen una gran vocación educativa. En el centro se opta por dejar que cada niño vaya a su propio ritmo sin atosigarle y dejándole espacio y vía libre para que experimente. Por eso no están en hamacas ni nada parecido y campan libres sobre colchonetas y en diversos rincones hechos a su medida. Si el niño quiere sentarse, se le ayuda. Si empieza a gatear o a ponerse en pie se está con él para que lo pueda hacer sin peligro. Pero nada de hacerle correr antes de que sepa darse la vuelta sobre sí mismo. Además, les educan también en las primeras comidas, les dan un "tastet" de fruta para que vayan probando texturas y gustos, en grupitos pequeños les hacen tocar diferentes objetos cotidianos que no son los típicos juguetes de plástico, sinó cucharas, cáscaras, objetos de madera, vidrio, plástico, metal... Cuando les cambian el pañal, están atentas a ese niño en concreto estableciendo un momento de intimidad que rara vez interrumpen hablando con otra gente. Cuando les dan de comer los sostienen en brazos para transmitirles también calor, cariño y tranquilidad... En definitiva, me deja tranquila ver que los cuidan tan bien y con tanto criterio.

Hay detalles que suman. Las educadoras han elaborado una libreta para cada niño en que apuntan cuándo hacen las tomas, cuánto han comido, si han cambiado el pañal, si hace falta que las familias repongan toallitas o pañales. Pero también se entretienen en escribir el día que el niño se ha girado sobre sí mismo por primera vez, el que "dicho" algo o el que ha intentado ponerse de pie. Esas pequeñas cartas a los padres y las fotos y collages que pegan en las hojas son un recuerdo para el futuro de la guardería. Los padres participamos también poniendo alguna anégdota del fin de semana o aquello que nos apetece recordar. Es un detalle bonito y se agradece.

En casa hemos cubierto medio salón con piezas de puzzle de colores con las letras y los numéros. Encima tenemos algunos juguetes en cestas que tanto uno como otro se entretienen en vaciar para jugar con la cesta. O con los sonajeros, que son su delicia hasta que de tanto menearlos se dan algún golpe en plena frente y lloran desconsolados. La cuna de viaje la hemos conservado para poderla usar de parquecito alternativo cuando estamos a solas con los dos y necesitamos ir a tener la ropa, hacer un pipí, preparar un biberón o abrir la puerta. Aunque cada vez la usan menos, y es que estar por el suelo sin límite de movimiento es mucho más divertido y no tienen porque pelearse por el espacio para dar vueltas sobre ellos mismos y quedarse tendidos sobre la barriga como Pol o impulsarse con el culo a trompicones para llegar a cualquier punto de la colchoneta (o fuera de ella) como Izan. Es lo que tiene tener hijos, el salón se convierte en un chiquiparc. 

Así que después de tantas vueltas que le dí, Pol e Izan están muy bien acompañados en la guardería Pam i Pipa donde incluso están con su prima Carla. Pasadas las semanas de adaptación no parecen tener problema en estar tumbados jugando en las colchonetas con todos los objetos que hay a su alrededor, tocando al bebé que tengan al lado o simplemente descubriéndose en el espejo. Están tranquilos, y mientras tanto, nosotros los padres también.

2 comentarios:

  1. Me n'alegro que hagueu trobat una guarderia en la que confieu i estigueu a gust!

    Per cert, nosaltres fa temps vem fer també la macromanta de peces de puzzle, però aviat no va servir per res... ja veureu, ja :P.

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  2. La guarderia, tot i que té tota una sèrie de pegues per culpa de l'ajuntament i l'empresa constructora que un altre dia contaré, està molt bé gràcies a les educadores que hi treballen. Es respira tranquilitat i molt carinyo cap els menuts i això és l'essencial. Menys mal de les guarderies que donen un respir i temps a les famílies!

    I el puzzle... El Pol ha descobert que les peces es desmunten i que són "comestibles". Sembla que encara no enten els "no" i "caca" que li llancem perquè es llança a la mínima de canvi cap a l'angle de la catifa... En fi... El que hagi durat l'invent, durarà. :)

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