jueves, 19 de agosto de 2010

El primer viaje

Martes 17 de agosto de 2010, 04:45 horas - Izan da patadas y se revuelve en el cuco. Antes que empiece a llorar y despierte a Pol me lo pongo el pecho. Tenemos toda la cama de matrimonio para nosotros porque a las 03:00 de la madrugada Andrés ha huido de un mosquito que le acechaba al sofá. Por alguna razón sólo le pican a él.

05:05 horas - Pol también se despierta. Izan está adormilado pero amenaza con abrir los ojos. Intento darle el otro pecho a Pol sin despertarle del todo a ver si podemos descansar todos un poco más, sobretodo Andrés que ha de conducir. Pero en cuanto acabo con Pol, Izan se despierta. Yo me desvelo.



05:30 horas - He preparado dos biberones de 90ml porque han tomado mucho pecho y no sé lo que querrán. Con la ropa del viaje en mano despierto a Andrés para empezar la jornada. Cada uno se encarga de un biberón, les ponemos la ropa (que a pesar de ser de la talla 68 no podemos estrenar por completo pues las camisetas no les pasan por la cabeza) y les dejamos jugando un poco en la cuna del salón mientras nosotros nos duchamos y desayunamos.

07:00 horas - El maletero lleno y los maxicosis cargados con los niños nos ponemos en ruta hacia Vara de Rey, en Cuenca, más o menos la mitad de los casi 1000 km que tenemos de viaje desde Badalona hasta Montilla, en Córdoba. Duermen como lirones mientras nosotros charlamos, cantamos y Andrés rabia por la caravana que se encuentra en la Ronda Litoral a horas tan tempranas y en pleno Agosto.

09:30 horas -  Casi parecía que hacíamos un viaje de adultos, hablando de cualquier cosa menos de pañales, horarios de sueño o cacas. De pronto se han empezado a mover, así que hemos hecho la parada que teníamos prevista. Paramos a desayunar justo a la entrada de Castellón y hacemos el cambio del pañal encima de la mesa del desayuno; Andrés bártulos en mano y yo sentada haciendo de parapeto con el otro niño al cuello para que al de la mesa no le diera por rodar. Nuestro desayuno cuesta casi 15 euros, el de los niños, por suerte, es gratis todavía.

10:00 horas - Nos llaman desde Montilla preocupados por si está lloviendo mucho en nuestra ruta. Nada de nada, el cielo está algo encapotado, pero de hecho es mejor así para no pasar tanta calor. Y es que resulta que anoche cayeron litros y litros por la zona cordobesa y tres hombres fallecieron arrastrados por las trombas de agua en sus coches.

10:30 horas - Reiniciamos la marcha, pero están los dos despiertos y no tardan en empezar a protestar. Poco atinados en esta ocasión, yo he vuelto a ponerme de copiloto delante y no podemos hacer nada por calmarlos. Cansados de tanto estar en la sillita de coche y quizá algo mareados, han pasado prácticamente todo el viaje durmiendo, reclamando algo de comida de vez en cuando y llorando un poco en algún momento. Mientras lloran desconsolados se nos encoge el estómago, pero se cansan antes de que en la autopista encontremos un área de servicio donde parar.

10:50 horas - Por fin podemos pararnos. Me paso a la parte de atrás embutida entre las dos sillitas para irles dando chupetes o para distraerles con canciones, sonrisas o moviendo el sonajero. Pero ellos ya no están para tonterías, y tranquilizados por tener a la vista una presencia conocida, ¡se duermen! Así que me quedo allí, ensardinada y hablando con Andrés a través del retrovisor.


11:30 horas - En Chiva hacemos una parada imprevista, Pol ha estado preparando un regalo en el pañal bien cargado. Se supone, por el cartel de la autopista, que en Chiva hay un área de servicio; no la sabemos encontrar y algo desesperados aparcamos de mala manera en mitad de un párking atestado al lado de un restaurante. Mientras les doy pecho por turnos, Andrés les cambia los pañales en el sillón delantero del copiloto. Claro que no están por la labor de sincronizarse demasiado y una vez nos ponemos en marcha nuevamente el que decide dejar un regalo en su pañal es Izan.

12:15 horas - Saciados y limpios nuevamente, seguimos el viaje hasta Vara de Rey, en Cuenca, donde tenemos reserva en el hotel rural La Morangona. La idea es hacer el trayecto hasta Montilla en dos partes y así descansar, todo un acierto porque los pequeños ya están tensos de tanto maxicosi y podemos recobrar fuerzas todos juntos.

14:20 horas - Se despiertan a la vez y reclaman enfadados comida. Esta vez preparo dos biberones en el coche y se los enchufo los dos a un tiempo a ver si mientras conseguimos llegar a destino y comer algo. Con los baches del camino no es tarea fácil hacer que las tetinas permanezcan en la boca de los dos niños, sin que salgan o les entre demasiado en el pescuezo. ¡No sé cómo ellos consiguen seguir tragando como si nada!

14:45 horas - Llegamos al hotel rural que está perdido entre pinares en un coto privado de caza. Ya pensábamos que nos habíamos perdidos y nos da algo de miedo que a estas horas no podamos comer nada con el hambre que traemos a pesar de haber estado guarreando toda la mañana con patatas fritas y galletas. Grata sorpresa: sí podemos comer. Con los niños en brazos, eso sí, porque están con los ojos abiertos como platos y no piensan quedarse en el carrito en los maxicosis ni un instante más.

16:00 horas - Lástima que la hora de la siesta no nos sale tan bien como esperábamos porque si bien Izan duerme como un lirón en la cuna después de la toma y Andrés se queda en estado catatónico, Pol está llorón reclamando pecho, dormirse y atención mientras yo me duermo por los rincones. De hecho, a media siesta y con el biberón cayéndoseme de sueño tengo que pedir relevo a Andrés y dormirme por fin sin caer redonda sobre el niño.

18:00 horas - De todos modos, la tranquilidad dura poco y no es hasta después del paseo por los alrededores del hotel y del ritual de baño (con una esponja y los pies metidos en la pica del lavabo), masaje y comida, que podemos dejar a los niños durmiendo, cada uno en un extremo de la cuna, cruzados en diagonal para ver si conseguimos que no se den patadas y se despierten el uno al otro.

22:00 horas - Tenemos el vigila bebés de Avent, así que podemos cenar tranquilamente como dos enamorados solteros mientras oímos el sueño plácido de nuestros dos churumbeles.

23:30 horas - En la reserva pedimos sólo una cuna pensando que cabrían los dos cruzados como hasta ahora. Craso error, ahora o bien se tocan entre ellos y se dan patadas o bien chocan con los barrotes de la cuna. Así que acabamos durmiendo con ellos en nuestra cama y dándoles el pecho por turnos.

Miércoles 18 de agosto de 2010, 24:10 horas - De las doce de la noche a las tres de mañana Pol duerme y mama conmigo. Andrés intenta dormir, pero con tanto cachondeo creo que no consigue demasiado.

03:00 horas - Tengo que despertar a Andrés para que coja a Izan antes de que pase del soniquete de queja al llanto descontrolado y despierte a las habitaciones contiguas y a su hermano que acaba de quedarse dormido. Así que en mi cama toma el relevo de Pol su hermano. Es decir, ¡no descanso absolutamente nada!

05:00 horas - Estoy agotada de tanto dormir con la teta fuera y vigilar para no aplastar al niño o estar medio despierta para que el pezón no les salga de la boca. Andrés se levanta a hacer biberones.

07:00 horas - Suena el despertador. Los niños ya no tienen hambre de tanto picotear por la noche y tenemos una hora, más que de sobras, para ir recogiendo los cuatro bártulos que descargamos del coche ayer y ducharnos antes de desayunar y reiniciar la ruta.

07:45 horas - Izan está de cachondeo y no hay modo de dormirlo. Lo intentamos dándole pecho, biberón, meciéndolo, cantándole nanas... Todo con sigilo para no despertar a Pol que sí duerme panza abajo.

08:10 horas - Nada que hacer, Izan viene a desayunar con nosotros y nos llevamos el vigila bebés con nosotros para escuchar a Pol. Mientras Andrés sostiene y entretiene a nuestro despiertísimo hijo, yo hago las tostadas, las unto con tomate, aceite y sal, preparo cafés y selecciono embutidos. La verdad es que está muy simpaticote y les tiene el corazón robado a las camareras y sirvientes del hotel.

09:15 horas - Finalmente nos ponemos en ruta. Me pongo directamente detrás con ellos saltando desde el asiento delantero a la posición en medio de los niños. No es tarea fácil, hace falta agilidad y mi talla de postembarazada es justa, justísima, para la tarea. Pol se ha despertado en el trayecto desde la cuna del hotel al maxicosi y está más bien enfurruñado por volver a estar atado con las correas en el coche. Izan, en cambio, se duerme nada más arrancamos. La cuestión es que siempre hay uno que está despierto.

11:30 horas - Al final se han dormido. Lo cierto es que yo también he cabeceado y que en algún momento recuerdo que se han empezado a quejar y que les he puesto el chupete sin demasiado entusiasmo a ver si así se volvían a dormir y yo podía seguir intentándolo. Pero hacia las 11:00 la cosa ya no da más de sí y se despiertan hambrientos y cabreados. Para no volver a pararse en un área de descanso de la autopista que en realidad esté en el quinto pino de un pueblo a las afueras, Andrés decide no hacer el alto si no ve la señal clara de Repsol. En la primera área de servicio que vemos, entramos pero no paramos porque no hay ni bar para que nosotros también nos tomemos algo tranquilamente sentados fuera del coche. La siguiente parece estar en un pueblo. La siguiente nos la pasamos sin querer y parecía la ideal, ¡puñeta! Otra más, está al otro lado de la autopista, descartada. Los niños empiezan ya a desesperarse mucho. La siguiente sí o sí ha de ser la parada elegida. Así que finalmente acabamos dirección a un pueblo, sin cartel de Repsol a la vista, y antes de perdernos más paramos en un cutre bar de carretera con algunos trabajadores escandalosos fumando por los carrillos. Para evitar los humos y el ruido, nos instalamos en las mesas de una terraza cubierta, y mientras nos devoran las moscas, cambiamos el pijama de los niños por ropa de "ya estamos aquí, familia" y les damos de comer antes de reemprender el último tramo del trayecto.

12:30 horas - De nuevo detrás con ellos desesperaditos. Cada vez les gusta menos estar en los maxicosis. Yo me estoy empezando a marear y puede que ellos también. No se entiende que en una autopista en terreno llano haya tantas curvas.

13:00 horas - Se han dormido, ¡por fin! Hacemos una breve parada para que yo pueda saltar desde la parte trasera a la delantera del coche y hacer así de copiloto a nuestro chófer particular. Al pobre Andrés no le gusta conducir tanto como para pegarse estos trayectos, pero no le queda más remedio porque yo todavía no tengo permiso de conducir y me da que falta un poco para que lo tenga.

14:30 horas - ¡Llegamos a Montilla! Ya nos están esperando para ver y coger a los niños. Y para comer, aunque primero les vuelve a tocar a ellos para ver si así se hacen luego una siestecita.

Aquí empiezan pues las primeras vacaciones de Pol e Izan en Córdoba. Les queda todavía la vuelta a Barcelona en coche y su primer viaje en avión a Ibiza, pero es otra histaria y la contaremos más adelante.

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